Breve biografía del Guru
Nava Jyothi Sri Karunakara
y Akhandanama
(mantra para obtener la liberación)

   Guru: Cuando miro hacía atrás situándome en los primeros años de mi vida, recuerdo a mi familia y el barrio donde crecí, dándome cuenta que mi entorno estaba lleno de ignorancia. Ni en mi casa, ni en la de mi madre había un conocimiento de mayor valor; no recuerdo a mi padre pues murió hace mucho tiempo. Me enteré por mis vecinos que había sido un hombre sumamente devoto, aunque mi madre no era ni tampoco mi familia materna en general.

   Tuve ciertas experiencias espirituales en mi niñez, sin embargo nunca confié nada de esto a mi mamá ni a nadie más en mi familia. Había un altar familiar, aunque la religión de nuestra familia prácticamente consistía en ir un par de veces al templo, eso era todo. Mi abuela materna solía llevarme con ella a este templo; generalmente yo estaba renuente a regresar después de las oraciones. Un día al salir del santuario acompañado de mi abuela que me tomaba de la mano, tuve un fuerte impulso de decirle que me mantendría atrás; en ese momento escuché una voz que no supe de donde emergió. Tuve la sensación de que la deidad en ese templo habló diciendo: “estas personas son ignorantes, no reveles estas cuestiones a ellos,” por lo que nunca les revelé mis experiencias.

   En aquel tiempo del incidente acaecido en el santuario, de hecho desde que tengo memoria de aquel suceso, siempre se encontraba presente una forma dentro de mí, que me llenaba de su esencia. Palabras emergían de esta forma a través de mí pues en realidad mi cuerpo era como un micrófono a través del cual se expresaba esa forma; sin embargo, erradamente yo creía que esto era normal y que se daba en todas las personas. Recuerdo haber tenido este tipo de experiencia hasta cumplir los nueve años de edad; posteriormente esto cesó y entonces empecé a jugar y a platicar como un niño normal. Hasta entonces nunca había hablado apropiadamente aunque en realidad no era que no supiera hablar, sin embargo no fui enviado a la escuela debido a mi problema en el habla. Mi gente pensó que tenía algún defecto en la lengua por lo que hicieron ofrendas en los templos y observaron determinados votos.

   Al cumplir los nueve años de edad fui enviado a un kudippallikoodam, una escuela tradicional de pueblo donde los niños aprenden a leer y escribir practicando en la arena; ahí estudié por tres años. Durante dos años viví con mi mamá y mi padrastro, el cual era un tipo que constantemente se emborrachaba, creando todo tipo de escándalos. Después de dos años de vivir en esa casa, tomé la decisión de ingresar a un Ashram; debido a este oculto deseo, usé un rosario de cuentas con el pretexto de hacer una peregrinación a Palani.

   Una noche mi padrastro llego a casa borracho y armó un escándalo, maldiciendo y echando pestes. Salí de la casa y fui a dormir en la terraza del templo que se encontraba cerca de la casa. A la mañana siguiente fui a ver a mi maestro y le dije que quería ingresar a un Ashram; el se quedó pensando por un momento e inmediatamente después salimos a buscar información. Conocimos a una persona quien nos informó sobre el Ashram Agamananda en Kaladi, sin embargo él no estaba seguro si admitían a los niños en este lugar; aún así el me llevó a Kaladi y me dejó en el Ashram.

   Cuando pregunté, me dijeron que no aceptaban niños, pues no tenían la infraestructura para educar a menores, por lo que me fui hacia la parada de autobús de Alwaye. Ya era de noche para ese entonces cuando me percaté que dos hombres estaban aplicando aceite en su cuerpo preparándose para bañarse; uno de ellos dijo al otro: “Vamos a bañarnos al ghat del Ashram,” por lo que los seguí hasta llegar al Advaitashram, Ashram fundado por el Guru Narayana; reconocí este lugar como un Ashram por la apariencia que tenía el lugar.

   Al llegar, conocí a la cabeza del Ashram en Sivagiri, el difunto Sankarananda y al hablar con él, me dijo: “Está bien, veremos que se puede hacer mañana por la mañana; quédate esta noche.”

   A la mañana siguiente él me dio permiso de quedarme allí; llamó al secretario del Ashram y me puso bajo su mando. Mi vida en el Ashram comenzó ese día y ahí, en el Advaitashram viví por dos años; después fui enviado a Sivagiri y a otras instituciones subsidiarias por lo que estuve asociado a los Ashrams del Guru Narayana por espacio de diecisiete años, periodo dentro del cual se suscitaron varios incidentes negativos, de los que la gente me encontró culpable argumentando que esto se debía a ciertos defectos en mi carácter; no entendía el por qué se suscitaron tales incidentes. Por mi parte no había error alguno que pudiera haber dado origen a tales situaciones; sin embargo mi vida estaba cargada con angustia y dolor. Sentía que la vida se me estaba yendo pues no había tenido ningún tipo de experiencia espiritual y tampoco había conocido a nadie que hubiese tenido experiencia de esta naturaleza.

   Mientras me encontraba abatido y desalentado, encontré a un Guru. Dos años y medio posteriores a mi iniciación, tuve ciertas ‘experiencias'. Continué en Sivagiri y sus ramales durante dos años más, periodo durante el cual tuve que afrontar muchas dificultades y hostilidad por parte de los asociados, los cuales hacían falsas acusaciones en contra mía; tuve que sufrir muchas de estas situaciones mientras estuve en Aruvippuram; posteriormente se me envió a Sivagiri.

   Aunque tuve percepciones místicas, la falta de educación fue un inconveniente pues no podía entender muchas cosas que de otro modo hubiera podido comprender a través de la lectura. En Sivagiri habían tratado de darme una educación, sin embargo existía en mí una aversión hacia ello, y tal vez debido a esa resistencia nunca tuve una educación formal.

   Después de Aruvippuram, cuando regrese a Sivagiri, me cansé de ciertas actitudes por parte de mis compañeros, y debido a esto sentí el deseo de abandonar ese lugar, por lo que regresé todas las llaves a aquellos que encabezaban este sitio y partí para encontrarme con mi Guru con la intención de quedarme con él.

   “Estoy cansado de vivir en Sivagiri,” dije a mi Guru, “He venido a ti después de regresar todas las llaves.” El Guru guardó silencio por un momento y entonces me dio una rupia y cuatro annas diciéndome: “Ahora ve a Sivagiri, no hay nadie ahí.”

   Una comida en aquellos días costaba seis annas en el Gran Hotel en Thainpanoor. Mi Guru me dijo comiera y tomara un autobús a Varkala, sin embargo esta instrucción causó desagrado en mí pues yo ya había abandonado mis responsabilidades en Sivagiri diciéndole adiós a ese lugar, sin embargo no quería menospreciar la palabra de mi Guru pues para mi era algo muy importante por lo que decidí partir hacia Sivagiri antes de ir a cualquier otro lugar.

   Recordaba a mis familiares; recordaba la falta de entendimiento que tenían con respecto a la espiritualidad. Muchos de los que me cuidaron en una edad más temprana, eran los descendientes de generaciones de personas quienes llevaron vidas alejados de la espiritualidad y el regresar a tal familia solo habría agregado angustia y ansiedad a mi vida haciéndome sentir más en desagrado con la vida de lo que yo ya me sentía. Llegué a Sivagiri y mientras me estaba lavando los pies en el pozo, el Swami Kaivalyananda, quien era el tesorero del Ashram, me oyó invitándome a entrar.

   “El culto que se rendía en el samadhi, –lugar donde ha fallecido una persona famosa, en este caso el Guru Narayana- no se ha hecho hasta ahora,” dijo Kaivalyananda, “Ve, abre el templo y prende la lámpara de aceite; has lo que tu ya sabes que se tiene que hacer y después vuelve.”

   Hice lo que me fue dicho y por la noche, después de la cena, me llamó para que nos sentáramos en la terraza frontal del templo Sarada.

   “¿No entiendes? No había escasez de personas cuando tu partiste del Ashram”, dijo él, “Ahora no hay ninguno; esto es muy triste; esto sucede cuando gente como tú que trabajan arduamente, se va; no te vayas de nuevo. La gente está aquí por diferentes razones; algunos de ellos no necesariamente han venido aquí en una búsqueda espiritual. No deberías partir una vez más; espero que me entiendas, no permitas que pensamientos de este tipo entren a tu mente”.

   El narró sus experiencias en el famoso Satyagraha en Vaikom, un movimiento político y religioso de resistencia pasiva para entrar al templo en Kerala. Posteriormente explicó la forma de vida en Sivagiri en todos sus aspectos y además expuso cual es el propósito de vivir así. Pensé que nunca dejaría Sivagiri otra vez, y lo que me impresionó sobre todas las cosas fue el grado de exactitud con el que mi Guru dijo, “No hay ninguna persona en Sivagiri; no permitamos que haya ahí obstrucción alguna en la rutina”. Con este hecho mi devoción y mi amor hacia mi Guru se incrementó y la certitud que sentía en cuanto a que debería de estar atento y obediente a lo que él me indicara, se reforzó.

   Los días pasaron. Hay un canal de agua en las afueras de Sivagiri; ahí llegó mi Guru y sentándose cerca de este, me mandó a llamar, por lo que en ese momento fui a verlo.

   “Tendrás un cambio desde este momento,” dijo él, “pero no dejes Varkala.” Saco un a rupia y me la dio; sus palabras se volvieron pronto una realidad y pronto tuve que dejar Sivagiri. Mi estancia en Sivagiri, obedeciendo la palabra de mi Guru, hasta haber recibido nuevas instrucciones por parte de él, había reforzado mi fe y firmeza mental.

   Después de dejar Sivagiri decidí permanecer en Varkala, como mi Guru me lo había sugerido; él estaba de viaje en ese tiempo. No tenía caso tratar de encontrarlo por lo que decidí esperarlo en Varkala.

   Cuando deje Sivagiri un conocido que era personalmente afectuoso conmigo me regaló un pedazo de terreno; esta persona era de Varkala y era devoto del Guru. Ahí construí una pequeña choza de paja y establecí mi Ashram. Pasaron más de seis meses sin tener noticia alguna de mi Guru, por lo que fui a buscarlo a su lugar favorito en la playa de Trivandrum, donde afortunadamente lo encontré.

   “¿No has tenido algún tipo de percepción mística, verdad?,” preguntó mi Guru. “Ahora regresarás solamente después de tenerla.” El me permitió quedarme con él por varios días. De ahí me llevó con él a Takkala; pasaríamos el día vagando por el bosque y las colinas, y hacia el final del día nos dirigiríamos al distrito policial de la corte de Takkala. Mi Guru tenía algunos discípulos que trabajaban en la corte, quienes ocasionalmente se nos unían por la noche.

   Me sentía confundido por la conducta de mi Guru pues solía preguntarle a esos discípulos, “¿Saben quién es el?” No entendía nada de lo que decía; a veces me elogiaba enormemente y les decía, “No lo conocen, el es un gran hombre.”

   Mi Guru hizo esto varias veces. De ninguna manera sus alabanzas hicieron que se me subieran los humos a la cabeza, sino más bien me preguntaba el porque me alababa de esa forma.

   Era mi cuarto día en Takkala y nueve de nosotros estábamos acostados en el suelo formando una línea. Eran alrededor de las tres de la mañana, cuando repentinamente sentí que el mundo entero daba vueltas en un torbellino; mi cuerpo lo sentía como un grano de mostaza el cual estaba siendo molido. Mi Guru me dio un manazo y me preguntó, ¿Te espantaste?

   “No, no en lo más recóndito de mí,” contesté. “Ah, entonces hay esperanza,” dijo mi Guru. Aún así me encontraba como alguien que había perdido sus sentidos, y cuando caminaba por la calle, veía vehículos aproximarse más no me daba cuenta que tenía que hacerme a un lado; actuaba como un loco. Mi Guru mandó a traer a Parameswaran Pillai, otro de sus discípulos, y le dijo, “Debes dejar tu oficina por unos cuantos días para cuidar de este hombre.”

   Entonces Parameswaran Pillai dejó la oficina y quedé bajo su custodia. Durante el día me llevaba a todos los lugares sagrados de esa región; fui capaz de ver a las deidades y otros seres sutiles que radicaban en esos lugares y fue el mismo caso cuando visité el samadhi –lugar donde falleció algún ser famoso- de Peerukkannu Sahib en Takkala. Hay una colina llamada Kattuva Sahib; el palacio de Padmanabhapuram está en el camino a esa colina. Descansamos en dos lugares de camino a dicha colina, uno de los cuales era la morada de un espíritu conocido como Kalliyankattu Neeli, mujer que murió anteriormente y que estaba siendo adorada. Mi Guru estaba con nosotros, y cuando llegamos ahí el Guru nos indicó que debíamos sentarnos a meditar; al hacerlo escuché a Parameswaran Pillai, por lo que le dije al Guru, “Swamiji, ella ha venido.” Pídele que se vaya,” respondió el Guru. Salí de mi meditación y comprendí que esta conversación era acerca de Kalliyankattu Neeli; Neeli era una yakshi, una deidad baja.

   Entonces el Guru me preguntó, “¿Viste algo?” Yo no había visto nada. “Está bien, esto significa que fuerzas oscuras no aparecerán ante ti; eso es bueno,” dijo el Guru. “Haré que este individuo haga algo ahora.” No pude comprender lo que mi Guru estaba planeando para mí en ese momento. El Guru me alabó mucho y posteriormente se levantó y empezó a caminar; lo seguimos y me pidió recoger un pedazo de vasija que se hallaba en el camino, lo cual hice inmediatamente tal como me fue indicado. Caminamos durante algún tiempo llegando a un santuario hindú; era un templo bien conservado y en funcionamiento que tenía una muralla alrededor de él. Cuando llegamos ahí, eran alrededor de las tres de la tarde, entonces el Guru se sentó cerca de este santuario indicándonos que nos sentáramos con él. Después de un tiempo señaló hacia mi diciéndole a Parameswaran Pillai, “Lleva a este hombre contigo y muéstrale el templo.”

   El sanctum sanctorum estaba cerrado, pero había varios ídolos situados dentro de las paredes del templo. Muestras de adoración ofrecidas a ellos eran evidentes; fueron ungidos y había guirnaldas sobre dichos ídolos. Regresamos donde estaba el Guru después de haber presenciado todo esto. “¿Has visto todo el santuario?” preguntó el Guru. “Si, lo he visto, es un lugar limpio; hay pocos lugares en Tamil Nadu tan bien conservados y limpios, ¿no es verdad?”

   “¿Te gustó?”

   “Si.”

   El Guru se levantó y caminó hacia el santuario, haciéndome señas para que lo siguiera; cuando entramos me dijo, “Ve de un lado a otro y escupe a todos los ídolos.”

   Me sentí un poco contrariado e indeciso, pues mi religión era la hinduista y además desde mi niñez había yo rendido culto a estas deidades. ¿Como podía yo escupirlos ahora? Sin embargo sabía que no debía menospreciar o desobedecer la palabra de mi Guru, por lo que obedecí.

   Su próxima indicación fue el patear los pies y el pecho de los ídolos, por lo que también lo obedecí.

   “Ve y trae el pedazo de vasija que recogiste,” me dijo, “y trae tus orines en ella;” hice lo que me pidió.

   “Arroja un poco sobre la cabeza de cada ídolo,” el Guru ordenó.

   Después de hacer eso sentí un pavor inusitado. ¿Que he hecho?, me pregunté a mi mismo. “¿Hice lo correcto?”

   El Guru y yo regresamos adonde los otros nos esperaban, por lo que nos sentamos con ellos. Posteriormente nos dio una detallada explicación del incidente en el santuario; todo se basaba en el principio fundamental del uso de lo que es desechado por un sanyasin, así como las ofrendas hechas a una deidad. El sudor o las emanaciones materiales de un sanyasin tienen un tipo de poder espiritual o milagroso.

   “Todas estas entidades estaban atrapadas y estaban sufriendo,” el Guru nos convenció, “el día de hoy han sido liberadas.”

   Más tarde reanudamos nuestro viaje a la colina de Kattuva Sahib donde tuve ciertas experiencias internas y ahí mi Guru las interpreto para mí. Nos refrescamos con el agua y las frutas que llevábamos con nosotros, para posteriormente continuar nuestro camino. Constantemente el Guru estaba narrando historias de sanyasins haciendo mención de sus grandes trabajos y logros, y gracias a ello fue que logré comprender que lo que hemos oído tradicionalmente acerca de personas espirituales es solo una pequeña parte de la realidad. Regresamos a Takkala, y justo cuando estábamos alejándonos del lugar donde habíamos acampado, el Guru me quitó la ropa tirándola lejos de donde yo estaba y me dio un harapo para usar. Después de que me lo puse, me dio un golpe y me ordenó partir, por lo que me encontré lleno de asombro pensando: “¿hacia dónde debo ir?”

   Mis experiencias en el camino fueron demasiado fuertes; lo que experimenté en Sucheendram y Kanyakumari es difícil de expresar en palabras. Para ese entonces tenía un obstinado deseo de regresar con mi Guru, por lo que regresé a Takkala. Mientras tanto había conseguido dinero para ropa sin haberlo pedido.

   La experiencia interna había sido muy rica, más allá de las palabras. Cuando regresé y conté a mi Guru lo que tenía que decir, él me abrazó y lloró.

   Ve a donde quieras, el me bendijo, “Conseguirás todo lo que necesites.” El quería que me fuera de inmediato a Trivandrum, por lo que tomamos un autobús en Takkala y desde ahí partí hacia Varkala. El Guru se fue a Vallakkadavu, una playa en Trivandrum que era el sitio favorito de mi Guru, Khureishi Fakir.

   Durante seis y medio años tuve percepciones o visiones místicas; fue un proceso de conocimiento el cual se daba paso por paso, donde las percepciones actuales iluminaban o aclaraban las anteriores. Al finalizar los primeros cinco años y medio, la gente que estaba estrechamente vinculada conmigo, comenzó también a tener percepciones místicas. Después de siete años y tres meses, el primero del mes de Vrischikam, tres personas llegaron al Ashram después del baño matutino, con el propósito de rendir culto y repentinamente, en ese mismo mes, se suscitó un incremento en la popularidad del lugar, ya que centenares de visitantes comenzaron a llegar diariamente al Ashram.

   La gente me decía que bastaba con contarme acerca de sus enfermedades y me di cuenta que de esta forma la gente se curaba casi automáticamente. Nunca hice algo especial por ellos, excepto rezar. Después de siete meses, hombres y mujeres que visitaban el Ashram, comenzaron a desarrollar la facultad del darshanam –visiones místicas o espirituales-. Los que tenían este tipo de percepción eran muchas personas, en algunas ocasiones diez y en otras hasta cincuenta; esto les sucedió a pesar de la falta de comprensión tanto de las visiones que tenían, como de la forma que podían desarrollar esta facultad. Extraño como lo era, esto llegó a convertirse en un tema de discusión entre la gente; y aún más, todas estas personas se dieron cuenta que sus peticiones habían sido concedidas. Yo no estaba haciendo algo que me situara como el responsable directo de todo esto.

   Durante tres años más continuaron presentándose este tipo de sucesos, y pude observar que la gente comenzó a incrementar su amor y respeto por los demás. Entre las personas que tenían la facultad del darshanam, estaban tres personas, una mujer y dos hombres, los cuales se destacaban en el ejercicio de esta virtud, por lo que comenzaron a manejar muchos asuntos del Ashram. La mujer era ya de edad adulta y uno de los hombres también, el otro varón era solo un muchacho; durante casi un año esta situación continuó con estas tres personas, hasta que parte de la información que proporcionaban a la gente comenzó a ser incorrecta. Cuando cometían errores frecuentes durante un cierto periodo de tiempo, sentía que ellos eran los responsables directos por estas faltas y por lo tanto los castigaba, llegando en ocasiones a golpearlos para corregirlos, sin embargo la situación no mejoraba en lo más mínimo. Sus percepciones fueron siendo cada vez más imperfectas, y en consecuencia las dificultades y conflictos aumentaron, presentándose problemas de toda índole.

   Anteriormente, la fecha pronosticada para la cura de cierta enfermedad a través de los consejos dados por alguna de estas tres personas, se presentaba inclusive con diez días de anticipación, sin embargo ahora una enfermedad no podía ser totalmente curada, incluso aún después del tiempo previsto. Esta tendencia al error llegó a empeorar, y pronto tres cuartas partes de lo que se percibía a través de visiones internas, era inoperante. Debido a esta terrible situación, continué llamándoles la atención a las tres personas que poseían la facultad de las visiones internas. En aquel tiempo los visitantes comenzaron a volverse levemente hostiles.

   El colegio de Varkala fue terminado en ese tiempo, las clases acababan de comenzar. El Ashram se encontraba camino al colegio donde asistían tanto muchachos como muchachas, quienes solían pasar por ahí en grupos. Era común que los muchachos molestaran a las muchachas, sin embargo en ocasiones las muchachas entraban al Ashram para evitar que las perturbaran. Algunas de ellas se acostumbraron a visitar el Ashram y a pedir prasadam, alimento bendito, probablemente porque deseaban escuchar mi conversación con los demás. Los muchachos también comenzaron a venir; con el paso del tiempo los chicos percibieron ciertos cambios en algunas de las muchachas que visitaban el Ashram, por lo que pensaron que esto se debía a que yo las engañaba o utilizaba algún tipo de magia negra. La mala imagen que ahora tenía, llegó a difundirse entre la gente del colegio; de aquí se extendió a los comerciantes del mercado y a casi cuatro mil hogares de las áreas colindantes.

   Comencé a buscar desesperadamente la causa de esta hostilidad, sin embargo no lograba encontrar el origen de todo esto.

   El culto a las Trimurti –Brahma, Vishnu y Shiva- es uno de los sistemas básicos de adoración para los hindúes. A pesar de hacer todo aquello que estaba indicado en este sistema de culto, los conflictos aún continuaban, y así llegaron a prolongarse por un año más. Aún las personas dotadas con la facultad de las visiones espirituales, estaban pasando por un periodo de dificultades constante. Finalmente recibimos un asariri –revelación espiritual proveniente del Creador- en el cual se me instruía estar en un lugar donde no pudiera ver a dos personas al mismo tiempo, sin embargo no seguí la instrucción, por lo que la directriz fue repetida dos meses después, prohibiéndome permanecer en el Ashram de Varkala.

   Había construido una pequeña cabaña en las afueras de Trivandrum, cerca de Pothencode, con paja y tallos de tapioca, a la que llamé Santhigiri. A alguien se le había asignado la tarea de encender diariamente una lámpara de aceite. Cuando el segundo aviso llegó, comprendí que no debería de continuar en Varkala, por lo que partí de inmediato hacia Santhigiri. La zona se encontraba prácticamente despoblada en aquellos días, por lo que uno podía vivir en paz y así transcurrieron casi siete meses.

   Después de mudarme a este lugar, cuando finalmente se nos dio el permiso para trabajar, tentativamente iniciamos las labores, y en aquel tiempo se alojó en el Ashram una mujer que buscaba solución a sus enfermedades; ella brincó al pozo de agua y murió. La gente de los alrededores sospechando que yo estaba involucrado en esto, se aglomeró alrededor del Ashram trayendo a otras personas en automóviles y camiones. De repente a cinco mil llegó el número de integrantes de la multitud alborotada, quienes se manifestaban agresivos y violentos gritando obscenidades. Era un carnaval el que celebraban, sintiéndose la poderosa presencia de la policía en ese momento. Este infortunio resultó ser una prueba necesaria para la vindicación resultando al fin y al cabo beneficiosa. Todos los buscadores de la verdad y aquellos que encontraron inspiración en ellos, tuvieron que pasar, en el pasado, por experiencias similares. Tales experiencias se deben a los dos errores que ya hemos tratado anteriormente. Estos asuntos están siendo desmitificados y dados a conocer en términos claros en este libro. Cuando menos ahora, la gente no debería sentir que no ha tenido cierto entendimiento a este respecto. Los niños de generaciones futuras deberían actuar conforme a este conocimiento.

   Bajo las presentes circunstancias, la fe, como un coco sin pelar rodando de aquí para allá, es difícil de entender.

   Justo antes de mudarme a Pothencode algo había sucedido. En Mel Katakkavoor, en Vakkam está una cueva que el Guru Narayana había usado y el dueño de la tierra donde la cueva estaba situada, se me acercó buscando consejo: “La cueva está en ruinas,” me dijo. “¿Deberíamos hacer algo al respecto?” Me preguntó.

   “Enciende una lámpara diariamente,” le sugerí, “durante seis meses.” Pasado este tiempo un brillo apareció de la cueva, el cual era visible para todos en un radio de por lo menos cuatro millas. Cuando esto sucedió, el dueño del terreno quería convertir el lugar en un santuario para la oración. La construcción del santuario estaba en marcha cuando recibí la directriz de mudarme a Pothencode; fue entonces cuando dos de las tres personas dotadas con darshanam –visiones espirituales- les fueron dados las dos frases de un canto invocatorio:

          Om Sri Karunakara Guru Parabrahmane namah.
          –Me postro ante Karunakara Guru que reside en el plano
            del Todopoderoso-

          Om Sri Karunakara Guru Satyapradaya namah.
          –Me postro ante Karunakara Guru que es todo Verdad-

   “Canten esto,” les fue dicho, “háganlo con fuerza.” Al principio no permitía que entonaran este canto pues mi nombre estaba incluido en el y pensaba que esto no era correcto.

   Temprano una mañana estaba yo esperando un tren en la estación ferroviaria de Katakkavoor, cuando un grupo de jóvenes pasaban por allí después de haber estado en un festival en un templo cercano; era un grupo de vándalos que gritaban creando un gran escándalo. Cuando llegó el tren, al tratar de subirme, uno de los jóvenes vino hacia mí, me golpeó y arrancó la parte superior de mi vestimenta.

   De algún modo había olvidado una indicación importante pues tres días antes había recibido un asariri –revelación de Dios- prohibiéndome salir por tres días. En los primeros dos días no me alejé de casa, pero olvidé lo de la indicación y el tercer día salí de mi residencia.

   Tres días después de este incidente partí hacia Pothencode, obedeciendo la directriz de dejar Varkala. Aquellos quienes estaban en mi contra, propagaron el rumor de que se me había sacado de Varkala y prácticamente todo mundo lo llegó a creer pues ya nadie me veía en los alrededores del lugar; la gente no tenía forma de conocer la verdad.

   Después de nueve meses en Santhigiri recibí otra orden de la Luz prohibiéndome realizar función alguna por un periodo de dos y medio años, pero nueve meses después de esta orden, las Trimurti –Brahma, Vishnu, Shiva- y los espíritus bajo su égida, me dieron permiso de comenzar a tratar a los enfermos que venían a nosotros solicitando ayuda; por lo tanto el trabajo comenzó nuevamente y casi de inmediato el número de visitantes llegó a ser de casi trescientas gentes por día.

   Dentro de un periodo de tres semanas sesenta personas enfermas fueron sanadas en los terrenos del Ashram. En aquel tiempo no había instalaciones adecuadas, ni mucho menos había forma para hospedar a la gente. Las personas que deseaban quedarse en este lugar, dormían en el pasto estando expuestos al calor del sol y al frío de la noche, sin embargo ignoraban estos inconvenientes por la devoción que mostraban.

   Tres meses después, se suscitó una crisis como la de Varkala. Los enfermos no se curaban completamente y muy poco de lo que se percibía en darshanams era de utilidad alguna. Fue entonces cuando recibimos la instrucción de que deberíamos cantar el canto invocatorio, el cual ya se nos había dado anteriormente.

          Om Sri Karunakara Guru Parabrahmane Namah
          Om Sri
Karunakara Guru Satyapradaya Namah

   Así, este canto llegó a ser usado para oración y sankalpam –rezo mental solicitando algo para uno mismo o para otros-. La gente con enfermedades severas comenzó a ser curada, pero recibí una nueva instrucción en la que se me indicaba que debía retirarme de este tipo de trabajo por un periodo de tres y medio años, por lo que las labores cesaron inmediatamente. Posteriormente se me indicó hacer un viaje, por lo que se formó un grupo de cuatro personas, incluyendo a una niña de diez años de edad. Esta pequeña había tenido su primera visión espiritual justo antes del viaje; ella había vivido en el Ashram por tan solo unos días. Generalmente ninguno de los que habían tenido este tipo de experiencias espirituales, se le invitaba a ir de viaje.

   Había una razón para no llevarlos, pues se sospechaba que ciertas entidades en el nivel de los devas, que como sabes son las deidades erróneamente concebidos dentro de la tradición hindú como espíritus liberados espiritualmente, nos estaban desorientando y confundiendo. Esto mismo fue lo que sucedió en la crisis anterior, y de hecho me quedó claro que las instrucciones recibidas de esas entidades eran falsas. Parecía ser que a propósito nos confundían y obstaculizaban, por lo que decidí rehusar la guía de esos seres. Tuve un presentimiento y era que solo las instrucciones que emanaban de aquel resplandor blanco eran las correctas y debían ser obedecidas. Poco después decidí seguir la voz del resplandor, la cual me confirmó que mi decisión era correcta, por lo que finalmente todo este asunto fue puesto en la perspectiva correcta de acuerdo con una revelación de una epifanía de Krishna. Su importancia no ha disminuido hasta el día de hoy.

   Durante ese viaje la niña de diez años, percibía en visiones espirituales, todo lo relativo a cada uno de los templos que íbamos a visitar antes de llegar a ellos. Viajamos hasta Madrás y retornamos tres meses después habiendo logrado más de lo esperado. En nuestro viaje de regreso, un sitio fue detectado para erigir un Ashram en Kallar, por lo que ahí fue establecido. Mientras estábamos ahí muchos sucesos los cuales están sucediendo y otros que están por suceder fueron predichos, sin embargo todavía está prohibido dar a conocer estas revelaciones. Después de esto se recibió una serie de revelaciones importantes desde 1973 a 1979, que con el tiempo fueron confirmadas como ciertas. Parte de su contenido será dado a conocer al mundo y yo las revelaré aquí.


Siguiente capítulo: Vías en el sistema de veneración hindú

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